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viernes

Use me like listerine

Shhh_2_by_kait_y_lin

Para ti, 

que nunca pasas,

 (¿verdad?)

Que ni siquiera sabes

espiar en silencio.

Que no tienes ni idea

 (aún)

de lo que me haces ….

Porque eres un payaso

al que le gusta

hacerse el tonto

y eso

me gusta

a mí.



Y porque me da la gana

-entre otras cosas-

 va por ti.

 

miércoles

Alicia creciente

      ¡Llego tarde, llego tarde!

      El Conejo protestaba

      y Alicia pensaba

     en lo inevitable:

 

     Grandes caderas,

     para entrar por la madriguera

     Bastante grueso,

     el otro lado del espejo

     Demasiado pastel,

     para  hacerme encoger.

 

¡Yo estoy loco, tú estás loca!

El Gato aseguraba

y Alicia sollozaba

medio paranoica:

 

Los zapatos de tacón

pisotean al Lirón.

El té del Sombrerero

sin alcohol sabe a aguacero

Si sigues a la Liebre,

ten cuidado, que te pierdes.

 

¡Qué le corten la cabeza!    

La Reina aullaba    

y Alicia suspiraba    

por un trago de cerveza: 

  

Mostrando sus encantos    

a los que había observando    

Comparando su belleza    

con la de la pobre Duquesa.    

Poniéndose las botas,     

con una de las Sotas.    

 

¡Despierta, despierta!

Su Hermana gemía

Alicia no sabía

Que ya estaba muerta:

 

Que el tiempo había pasado

-no lo había advertido-

y  aún era sin querer

lo que nunca había sido.

___Alice_in_Wonderland___Chapt_by_randis


Al hilo del II Reto de Poesía en Nuncajamás

Imagen: Randis

Nota: Como habrán advertido esto no es más que una especie de homenaje "sui generis" a Alicia, fruto de un breve experimento  de “escritura automática”. Todos los personajes que aparecen lo hacen también en "Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas" de Lewis Carroll, uno de mis  favoritos. Insisto en  que tan sólo es un experimento; háganme el favor de no tomarlo(me) demasiado en serio :P.

Besos a quienes gusten!

*

lunes

Nadie lo sabe.

Querida X,

No soy capaz de recordar tu nombre. Tampoco estoy seguro de querer escribir esta carta. Creo que este tipo de ejercicios no sirven para nada, ni a mí ni a ellos, pero ya sabes que no me gusta resultar decepcionante, por eso lo hago.

El doctor Hume me regaló este cuaderno hace un par de semanas. Admito que me hizo ilusión. Estuve varios días acercándome al seto; me sentaba en el suelo junto a los aspersores para dibujar las raíces anegadas del barrizal. Ese lugar es como un pequeño universo: vegetación agonizante, larvas moribundas, todos esos insectos enroscándose y retorciéndose entre el lodo… Me gusta. Es lo más lejos que he podido llegar en el jardín, aunque ya no me lo permiten. Mary dice que no puedo ir porque me ensucio la bata. Pensé que el doctor utilizaba esa excusa para impedirme estar allí, que había alguna razón oculta, quizás algo terapéutico; pero me he dado cuenta de que no: todo es por la jodida bata. Así son en este sitio: pueriles, frívolos. Tendrías que ver los ojos de Mary cuando ve alguna mancha de barro; no me grita, ni siquiera me regaña, pero sé que me odia por ello.

No me importa, tampoco es la única; aquí todos lo hacen. El resto de enfermeras, el doctor, los vigilantes, incluso los internos. Les he visto observándome, a todos, con sus ojos pequeños y caídos. Disimulan. Parpadean rápidamente y se alejan, fingiendo no saber que estoy cerca, que no me perciben; pero sé que les asusto. Siempre produzco esa reacción, excepto, por supuesto, en ti. Me cabrea tanto no poder recordar tu nombre... has sido la única persona especial que ha pasado por mi vida, la única que se ha atrevido a descubrir mis secretos sin importarle el precio que tuviera que pagar. El doctor dice desear lo mismo, pero es diferente: es su trabajo, no me acepta; intenta curarme, cambiarme. Tú eres distinta. Por eso me seguiste aquella noche al pantano, con la conformidad de una niña pequeña a la que se le da un rico caramelo. ¡No imaginas la felicidad que me produce recordarlo! Estabas tensa, es cierto, pero ansiosa. Cuando te quitaste la camiseta pensé que querías que te follara. Me alivió bastante que no fuera necesario porque nunca me excitaste; en realidad, ninguna mujer lo consigue. Además lo nuestro era diferente: una comunión de intereses, un maravilloso pacto de oscuridad compartida. Tu curiosidad y mis necesidades en una alianza perfecta.

Hume insistió mucho en que hiciera esto. Dijo que serviría para observarme desde fuera, para conectarme con la realidad. Sugirió que el destinatario fuera alguien importante para mí. Qué predecible ¿no es cierto? Piensa que no conozco sus intenciones, pero sé lo que hay detrás de sus palabras amables y su pretendida comprensión: anhela saber, igual que todos desde aquella noche. Tratan de averiguar por qué no había marcas de resistencia en tu cuerpo; raven_______by_mehmeturgutpor qué acudiste a la cita; por qué en tu diario escribiste, con todo lujo de detalles, cuánto deseabas lo que iba a suceder… Insultando con ello mi inteligencia, pero, sobre todo, nuestro vínculo, nuestra sagrada complicidad.

Ellos no pueden comprenderlo… ¿verdad, querida? Aún si hubiera una forma de explicarlo con palabras no serían capaces de percibir lo que se esconde dentro de personas tan especiales, tan insólitas, como nosotros. Nos consideran aberraciones; perdidos en turbios extravíos de la conducta, de la realidad tal y como ellos la conciben, como si ésta pudiera ser común a todos. Cuánto absurdo. Se equivocan. Porque nadie lo sabe. Nadie.

Ni siquiera yo.

      Yo tampoco.

(*)

 Al hilo de los Retos del Foro de NuncaJamás.

(*) “Nadie lo Sabe” Mario Benedetti

Imagen: Mehmeturgut

Casa en llamas

El hombre se acercó y dijo
“Uno no puede huir de lo que ha perdido”
(Mientras el cielo del crepúsculo
se teñía de rojo y gris)

Dijo el otro
“Sólo quedarán las cenizas”
(Mientras el humo del cigarro
contaminaba su voz)


La joven abrió la boca y dijo
“Las cenizas no importan, importa el fuego”
(Mientras se arañaba la carne
y el agua salada la iba anegando)


El anciano tomó la palabra y dijo
“Habrá mucho que recoger”
(Mientras su mano temerosa
daba cuerda al viejo reloj)


Se aproximó el lobo y su mirada dijo
“El viento huele a secretos”
(Mientras desaparecía en la tormenta
sin mirar atrás)


-Mientras todo esto sucedía
tú y yo contemplamos
sin pronunciar una palabra,
cómo lo que una vez fuimos
perecía entre el calor y las llamas-

Burn_It_All_Away_by_SicMorbius

Al hilo de los Retos de Abracadabra (Foro Nuncajamás) 

Imagen: SicMorbius

jueves

Adiós Varsovia

Abandonó el cigarrillo en el cenicero y murmuró que Varsovia ya no le parecía tan bella.

Tras la cristalera del café una joven tocaba el chelo en la acera junto a un cartel de prohibido aparcar. Su presencia en la calle, junto al púrpura que coloreaba sus mejillas, delataba que para la estación en la que las baladas de Chopin destronaran, en cada parque y teatro de la Ciudad Roja, a Pergolese y a Dvorak aún quedaba mucho. Recuerdo que me sorprendió que su gesto no reflejase, en absoluto, la violencia de las notas que el arco arrancaba a las cuerdas, que vibraban imponiéndose al ritmo lento del paso del tiempo, obligándonos a perder la vista en el rectángulo de cielo encapotado, a precipitarla hacía las azoteas de altos edificios, a los pájaros grises y al inmenso cableado de aquel teleférico que hacía tiempo surcaba la ciudad. Un globo rojo volaba presa de las corrientes luchando por escapar entre las ramas de los árboles que, desesperadas, se estiraban para detenerlo. Cuando por fin se separó de ellas, perdido entre las blandas nubes que ocultaban hasta al más audaz rayo de sol, ambos pensamos al unísono –algo que sucedía continuamente- en el joven camarero, en la brillante gota de sangre que se había precipitado en un hilo desde su boca, hiriendo el blanco inmaculado de su delantal, poco antes de cerrar los ojos para siempre.

Discutimos si aquello había sucedido antes. Ninguno de los dos sabía decir si fue una pescadera de Milán o un frutero en Buenos Aires quien murió de la misma manera. Yo habría jurado que fue un repartidor de gas butano en España, años atrás, aunque aquello no significara mucho para mí. Todos se mezclaban en mi mente, en las arenas del tiempo que poblaban mi memoria desde que estábamos juntos y reconozco que, hasta aquella tarde, nunca intenté poner remedio a tal confusión. Ese había sido mi sacrificio desde el principio, renunciar a llorar todas las lágrimas que cada muerte me habría supuesto, ocultar tras una cortina de indiferencia los sentimientos que los de nuestra especie no deben tener si es que desean sobrevivir. Por el contrario, él suyo fue siempre tratar de recordarlos. Relacionar a unos con otros, los motivos, los lugares, las maneras en que habían muerto… creando un inmenso mapa mental en el que todos estaban unidos de algún modo, en un intento, imagino, de dar algo de sentido al que era su trabajo.

–Hubo una muchacha en una iglesia – dijo de pronto. Vestía de blanco. Llevaba algo en el pelo…

–Un velo y una peineta- contesté, más sorprendida que él ante el súbito recuerdo.

–Sí. Era el día de su boda. Casi una niña.

Había pasado mucho tiempo. Lo recordaba porque fue una de las pocas ocasiones en las que había sentido verdadera envidia de sus lágrimas. En mi mente vi a la muchacha radiante, en un éxtasis de felicidad plena que yo nunca había conocido. Posamos la mano sobre su frente mientras se abrazaba cariñosamente a los suyos e hicimos lo que debíamos hacer. Algo se quebró en su cerebro. Entre las convulsiones, una gota de sangre cayó sobre el intacto velo, grabándose inconscientemente en mi memoria; a fuego en la suya.

Por cosas como esa siempre supe que algún día tendría que irse, pero jamás pensé que sería en Varsovia. Su ciudad.

Aplastó la colilla, que aún humeaba, susurrando, casi para si, que no estaba hecho para aquello. Repitió que Varsovia ya no le parecía tan bella mientras se levantaba de la mesa. Lo que al final resultó cierto, aunque tuve que presenciar como se desvanecía ante mis ojos -esta vez para siempre- para poder percatarme de la trágica realidad.A_smoke__by_Staged

Al hilo de los Retos de Abracadabra (Foro Nuncajamás)

Imagen: Staged

[Con este relato participo en el III Reto propuesto por la iniciativa del Foro Nuncajamás, una especie de taller literario online al que me he unido hace poco con la idea de obligarme a escribir regularmente y, sobre todo, intentar mejorar, cosa que me hace bastante falta. Los Retos están pensados para obligar a los participantes a exprimirse un poco las neuronas y a adquirir soltura en la creación de historias, lo que me va a venir de maravilla ya que últimamente terminar cualquier cosa que estuviera escribiendo se había convertido en una especie de parto creativo, bastante más doloroso que placentero. Con mi participación en él intento quitarle un poco de grandilocuencia al asunto y volverme algo más pragmática a la hora de escribir: aprender a disfrutar de nuevo con ello por mal que me salgan las cosas. Cada nuevo reto lo establece el ganador del anterior. Hay una serie de parámetros establecidos de antemano, pero la cosa puede llegar a complicarse bastante. En esta ocasión doy fe de ello, ha sido complejo, sobre todo llegar a escribir un relato relativamente armónico con la cantidad de cosas que se pedían en tan pocas palabras en principio (600, aunque yo las he sobrepasado en 20) pero he de reconocer que he disfrutado haciéndolo aunque el resultado no haya estado a la altura de lo que esperaba.

Animo a todos aquellos que quieran compartir relatos y aprender un poco a apuntarse a este foro. Somos poquita gente todavía (todo tías por cierto, no estaría nada mal que algún hombre se animara ^^) pero, por lo que he visto hasta el momento, están saliendo cosas muy interesantes.

Besos y pólvora para todos.]

lunes

Atrás.

Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Aunque el cuaderno de notas carecía de instrucciones mantenía fresca en su cabeza la breve conversación con el hombre que, con muy poca sutileza, le había dado algunos parámetros de uso.

-Es para ti. Haz lo que desees con él- había dicho. Te dará y te quitará a partes iguales. Pero recuerda que no tendrás una segunda oportunidad para arrepentirte. Por cada palabra que salió de tu boca habrá una única ocasión. Ni todas las gomas de borrar del mundo podrán ampararte si te equivocas.

A_Watch_to_Conquer_the_World_by_neffinesseDespués de aquello el hombre, de mediana edad, algo chupado, barba de tres días y un traje oscuro pasado de moda varias décadas, se había encogido de hombros y había sonreído como quitándole importancia a la gravedad de lo dicho. Le resultó bastante desconcertante, cómico, pero, sobre todo, original. Le habían abordado miles de veces en distintos bares intentando venderle mecheros, linternas de bolsillo y toda clase de bagatelas acompañándolas siempre de un pequeño papel -rebosante de faltas de ortografía- en el que alguien narraba brevemente una gran cantidad de desdichas, pero nunca así y menos aún en una librería. Por eso aceptó el pequeño cuaderno de notas devolviéndole la sonrisa junto con una moneda de dos euros que llevaba en la cartera. El hombre cogió con naturalidad la moneda e hizo una pequeña reverencia. El gesto propició una sensible cantidad de absurdos pensamientos en los segundos que siguieron, entre ellos, que aquel ser venía del pasado y se encontraba allí para entregarle un mensaje de suma importancia. Eso le hizo sonreír todavía más, pero para cuando se quiso dar cuenta, el ser ya estaba saliendo por la puerta acompañado de un leve repiqueteo de campanillas. Creyó ver cómo le lanzaba una última mirada a través de los cristales justo cuando echaba a andar por la acera. Sin darle más vueltas, volvió a concentrarse en las estanterías y lo olvidó.

Pero ahora se las daba. Era domingo, de esos en los que no hay nadie para tomar café y todas las películas que te gustaría ver ya las has visto. Hojeó varios libros, tecleó media docena de palabras de un trabajo que le estaba costando terminar y dormitó en todos los sillones y sofás de la casa hasta que se acordó del cuaderno. Lo había dejado encima de una pila de libros sobre el escritorio. Ni siquiera lo había abierto. Si lo hubiera hecho en la librería, pensó, habría corrido tras el hombre y le hubiera hecho todas las preguntas que ahora se estaba haciendo, por muy estúpidas que fueran. Pero no lo hizo y al abrirlo por la primera página y observar la fecha escrita a pluma, arrepentirse servía de muy poco.

Sabía que podía ser una simple coincidencia, una anotación casual hecha por su antiguo propietario. Pero el aburrimiento por su parte le decía que también podía ser una señal. Examinó una a una todas las páginas de la libreta. Eran de un blanco gastado pero elegante, de esas que te impulsan a escribir algún poema o a dibujar el rostro de un ser querido. Lo único que encontró, además de la fecha, fue una anotación sobre la edición en la última de ellas.

Quitapágina “Ad libiturn” Ed.

(1983-20??)

España (Spain)

Que un cuaderno de notas de ese tipo, sin nada especial, lo hubieran editado a modo de libro le resultó mucho menos extraño que las fechas entre paréntesis. La primera coincidía con el año de su nacimiento, la segunda tan sólo le daba escalofríos. Demasiadas incógnitas para una agenda del “todo a cien”.

“Por cada palabra que salió de tu boca habrá una única ocasión…”

No se consideraba un tipo demasiado dado a la sorpresa, más bien de vuelta de todo, enmascarando un poco, tal vez, el cinismo que le había dejado el paso de los años. Recapitulando rápidamente la historia de su vida no cabía duda que había experimentado muchísimas cosas y había conocido a especímenes de toda clase y condición, pero en aquel momento, debido a una corazonada que no era capaz de descifrar, el hombre se le antojaba como el más extraño de todos, y lo sucedido en la librería, como algo único. Cierto es que a la vez se sentía bastante imbécil simplemente por el hecho de plantearse algo semejante, pero no le preocupaba demasiado. Estaba solo y nadie podía burlarse de él, observarle o conocer sus intenciones… Podía empezar probando con algo sencillo. O no. Mejor con algo más señalado. Si quería ver resultados tendría que intentarlo con algo importante…

“Te dará y te quitará a partes iguales”.

Pensó en ello largo rato, en cuanto dejo de hacerlo la solución vino sola. Cogió un lápiz. En la primera página del cuaderno escribió:

14 de agosto de 2005.

Lo siento mucho.

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El teléfono no sonó como quizás habría esperado. Todo seguía tristemente en su sitio, igual que siempre. Los libros apilados, la cama deshecha, las bolas de pelusa rodando por el suelo, el mismo jersey raido y las mismas zapatillas de estar por casa. Cerró el cuaderno molesto con su propia decepción. Regresó a la realidad con un largo suspiro, intentando desperezarse. Se levantó para ver un rato la tele. De camino al salón se detuvo junto a la puerta del baño. Zsazsa, su gata se cruzó con él y se metió corriendo en la cocina. Sonrió. El sonido del agua del grifo corriendo inundaba la casa de un modo en el que el sol nunca lo hizo.

Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos.

Imágenes: Unknown

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la mala suerte

 

Lollipop_by_KatjaFaith

Tiento la mala suerte cada noche desde que te conocí,

Pero no me arrepiento.

 

Y es que alguien ahí arriba se olvidó de mí por unos instantes.

Dando fuerza a mi osadía

Avivando las llamas de un fuego que aún prende bajo la piel.

 

Y consumiéndome, me tumbo en brazos de los espectros,

De los que soy una aventajada discípula de cama,

Que cuidan de mi sueño y alimentan más si cabe mi locura.

 

Y decidida a soñarte, me rindo a sus manos, que son las tuyas.

que labran mis curvas y calman así mi sed durante unas horas.

 

 

Yo quería aprender a vivir olvidándolas,

pero tan sólo lo consigo de día.

Imagen: Katjafaith

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viernes

En la mano de la Diosa

Callenish_2_by_FickleKat

Si llueve durante toda la noche se borrarán los caminos de vuelta a casa- pensó Rowan mientras oteaba con preocupación las oscuras nubes que implacables se aproximaban por el extremo del valle. El viento agitaba su pelo lacio, y sobre el saliente esculpido en la roca, la muchacha podía percibir el característico sabor metálico que precedía a las tormentas.

Una bandada de pájaros negros cruzó el horizonte.

Rowan no quería pensar en augurios, de eso ya se encargaban las viejas de la aldea, pero sabía que Cedric tendría dificultades para atravesar Los Márgenes. Los Márgenes; así era como la gente de su poblado llamaba al cenagoso bosque que separaba el valle de las Tierras de los Pantanos, un inhóspito lugar donde vivían las tribus de los Hombres Pintados. Pero si los pantanos eran tierras llenas de leyendas sobre las que los ancianos contaban historias al calor de los hogares, aquel bosque anegado era un reino completamente distinto. Era costumbre de los lugareños escupir y hacer el signo de protección con las manos cada vez que alguien lo mencionaba. Tan sólo unos pocos conocían sus secretos, y la mayoría de ellos pertenecían al Consejo. Se decía que estaba habitado por bellas hadas capaces de andar sobre las aguas, las cuales, tras seducir a los hombres para concebir con ellos, los ahogaban sin piedad en las ciénagas. Ningún hombre o mujer osaba adentrarse sin un guía iniciado en los misterios, que conociera sus señales y laberintos. Los que lo habían hecho habían perecido ahogados, o bien nunca más se había vuelto a saber de ellos.

Sin embargo Los Márgenes eran el único camino para llegar a los Pantanos, y hacía siete noches que Cedric, con la ayuda de dos de los miembros del Consejo, había conseguido atravesarlos sano y salvo.

Aún así Rowan se preguntó si volvería a verlo con vida. Si sobrevivía a los rituales de los Hombres pintados, probablemente los cenagales y las lluvias torrenciales propias del comienzo de primavera acabarían con él. El viaje de vuelta debería hacerlo tan solo con la protección de los dioses.

Si Cedric conseguía regresar sería el Macho rey aquel Beltane, la Diosa había hablado y lo había favorecido. Después de los ritos y la preparación, los Hombres Pintados trazarían en su cuerpo las antiguas runas y símbolos de protección, y con la luna saldría, acompañado del resto de cazadores de la tribu, tras la manada de ciervos a la captura de gran Astado, al que tendría que derrotar sin mas ayuda que un puñal de silex y su lanza, y arrebatarle la cornamenta como prueba de que era el favorito de los dioses, o morir en el intento.

Todos los jóvenes consideraban una gran dignidad representar al Macho Rey en las fiestas en honor al gran Dios Bel, dios de la luz, del sol, señor de la fertilidad, y semilla de vida. Cada año en Samhain, la gran sacerdotisa profetizaba quien sería el elegido en el siguiente Beltane, siendo lo común que se escogiera al más fuerte entre los muchachos. Sin embargo, aquel inmenso honor en ocasiones conllevaba un sacrificio mucho más terrible. Si la cosecha de aquel año era insuficiente, la Diosa exigía que la sangre del Rey sagrado regara la tierra, y con la llegada de la primavera siguiente, éste debería ser sacrificado.

La Diosa habló, pero Cedric también lo hizo. Era derecho del elegido seleccionar a la que debería ser su novia en las fiestas. Por ello Rowan representaría a la gran Señora en la ceremonia, y tendría que unirse con él en el sagrado matrimonio que completaría las celebraciones de la noche. Yacerían juntos tras el frenesí del baile alrededor de las hogueras, sobre el altar en el corazón del círculo de piedras.

Tras ella un ocaso rojo como la sangre de los sacrificios la iluminaba igual que un mal presagio; el sol se ocultaba por el oeste sin noticias de Cedric.

Rowan había vivido catorce inviernos sin salir nunca de los parajes que delimitaban el valle y tal vez nunca tuviera oportunidad de hacerlo. Sintió lástima por si misma. Sin desearlo se había convertido en una viuda virgen, y en el caso de que Cedric regresara, tal vez lo fuera la primavera siguiente. Pensó en sus sueños, quería ser madre, vivir una vida tranquila alejada de los dioses y las supersticiones que en aquel momento movían tan cruelmente los hilos de su destino. Ella amaba a Cedric con ternura a pesar de su arrogante torpeza. Siempre fue un joven orgulloso, lleno de vida, dedicado más a colmar de rubor el rostro de las muchachas de la aldea, que a sus responsabilidades. Aún así, ambos se habían criado juntos y existía entre ellos un lazo de intimidad, tan natural, tan familiar, que Rowan siempre había sospechado que acabaría desposándola. Aquel día que siempre imaginó dichoso, se había transformado en una condena perversa, ya que no sólo era el destino de Cedric lo que estaba en juego en aquel momento, sino también su propio porvenir; si el joven no retornaba o bien era sacrificado, Rowan tendría que tomar los votos de sacerdotisa, y consagrar su vida al servicio de la causante de su desgracia, tal era la costumbre.

Comenzó a llover, Rowan se arrebujó en el manto. –¡Oh Diosa! ¿Qué intención es la que mueve tu mano?- susurró estremecida por la ira. Frente a ella los altos árboles que lindaban Los Márgenes se agitaban presos de la furia del viento. Las tinieblas se cernían con su negro hábito sobre la tierra, engullendo el abrigo de la luz; era el momento de la Diosa.

Rowan se dispuso a volver a la aldea, la lluvia empezaba a calar su manto y pronto la oscuridad sería absoluta. Dedicó una última mirada suplicante al horizonte, y para sus adentros, una corta plegaría.The_Invocation Deseó con todas sus fuerzas poder distinguir una sombra abriéndose paso por el sendero, pero en lo más hondo de su corazón sabía que lo que sucediera aquella noche no estaba en sus manos, ni en las del aguerrido joven que en aquel momento luchaba por su supervivencia; en realidad una voluntad mucho más antigua, que se perdía en los albores del tiempo, la misma voluntad que durante siglos había guiado el destino de los suyos, ya había escogido, y Rowan supo que la había elegido a ella.

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía 1: Ficklekat Fotografía 2: LadyMorgana

(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.)

*Esto es lo que Popi llamaría una remasterización. Me apetecía hacerlo porque, aunque últimamente vuelvo a estar “algo creativa”,  apenas tengo tiempo de ponerme a escribir. Además esta historia, es sin duda la que más me “gusta” ( es decir, la que más tolero) de todas las que he publicado en el blog.  Ojalá pueda pasarme por los vuestros este fin de semana.

miércoles

Sin pies ni cabeza (…)

Capítulo 3º: De todas las cosas que .ODIO.

__cult___by_SpookyChan

El sonido del motor trucado de las motos que atraviesan la calle, escuchar los pájaros hambrientos de la ciudad, los torpes gritos de la gente. Que el café me pida un cigarro, que cada calada me pida una más intensa, que la última me deje siempre un mal sabor de boca, una sensación de decrepitud y vacío que me obliga a desear lavarme los dientes, a lavarme entera, en realidad.

No estar verdaderamente triste ni realmente feliz. La incertidumbre de no estar de ninguna forma, ni siquiera de estar.

A la gente que me desconcierta y me enamora. Sentir cosas nuevas cuando ya creía que no quedaba nada nuevo que sentir. El agotamiento de estar en una nube, de llorar de felicidad y a la vez de impotencia. Ser tan diferente a todos, especialmente, tan diferente a ti. Haber sentido temor -toda mi vida- de los payasos y haberme enamorado del Rey de los Bufones. Mi incongruencia y lo feliz que ésta me hace.

Los segundos que pesan como losas. Llevar flores a sus sepulturas cada minuto. Presenciar su nacimiento cada mañana con la angustiosa sensación de que la inscripción de sus lápidas a la noche, lucirá, irremediablemente, el nombre de mi tiempo perdido sin ningún epitafio capaz de adornarlo.

Tener mil cosas que agradecer y mil cosas que ocultar. Que los secretos conserven su cualidad en el presente. Lo que fueron, lo que son, lo que serán no cambia, nunca se quedan atrás, ni siquiera me adelantan. Me acompañan como viejos parásitos que no hacen daño ni desgastan, en apariencia, hasta que aparece ese alguien que nos pone frente al gran espejo y nos los muestra en su inmensa fealdad -lo cual sucede demasiado a menudo para poder convivir en paz con ellos-.

Que cada noche, justo en el instante que precede al sueño, cuando no hay escapatoria, se muestren ante mí esas historias a las que nunca seré capaz de hacer justicia. De lo increíblemente contradictoria que es mi sinapsis y lo mal que se lleva con mi imaginación, entendimiento y vocabulario. De la belleza extravagante que posee todo cuando todavía está dentro, en ese rincón protegido de mi mente, favorecida por todas las sensaciones que no son traducibles en palabras, mimada por mi ferviente egotismo, y el estúpido desacierto en que se convierte todo cuando es expulsado.

Hablar. Estar por debajo de mis expectativas. Que presten demasiada atención a la ingente cantidad de tonterías que digo a lo largo del día. Que todas ellas parezcan un credo, una serie de cualidades morales a las que me he adherido a través de mis experiencias, cuando cualquiera que me conozca sabe perfectamente que eso es justo lo que me falta: experiencia. Todo es pura teoría porque nunca aprendo. Ésta es la primera vez que escribo. Ésta es la primera vez que amo. Ésta es la primera vez que vivo. No me reconozco en nada de lo que he hecho hasta el momento, tan sólo en lo que soy ahora: una enorme, vibrante, ensordecedora y aturdida interrogación.

Imagen: SpookyChan

martes

Sobre mí, sobre todo esto y sobre el puto blogger.

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En los últimos meses me he preguntado en muchas ocasiones por qué continua este blog “abierto”, cuando prácticamente está inactivo, cuando siempre, de alguna manera, escribir aquí queda en un segundo plano de mi existencia. Algunos, generalizando sobre el tema, pensarán que es una cuestión de prioridades -lo cual, he de admitir, se acerca bastante a mi opinión al respecto-. Otros hablarán de una necesidad subjetiva de expresión que surge en ocasiones, cuando las responsabilidades, la rutina y el hastío nos invaden y la imaginación necesita una válvula de escape, que en mi caso concreto se sirve de este medio, la expresión escrita, para hacer de las suyas. Algún loco sin demasiado criterio opinará que es una habilidad innata que lucha por darse a conocer, un talento infravalorado que anhela salir a la luz y que tal vez ocultamos por la responsabilidad que conlleva. Pero quizás alguien, con bastante más tino desde mi punto de vista, hable de eso de lo que a casi nadie le gusta reconocer en voz alta: la muy humana necesidad de reconocimiento.

De niña quería ser egiptóloga. Me creía rara y especial, pero pensaba que excavar tumbas y escribir ensayos sobre ritos funerarios le aportaría a mi vida la suficiente magia y misterio que mi particular carácter requería. Cuando llegó la adolescencia, inmersa en una montaña rusa de sentimientos, sensaciones y contradicciones, entendí que no había sido dotada por la naturaleza de la mente sólida y el pragmatismo necesarios para abordar una carrera humanística, y mucho menos una vida de ese tipo: la realidad me escocía demasiado y cada minuto de existencia estaba plagado de demasiadas incógnitas, demasiados sinsentidos para abordarla con los pies en el suelo. En ese momento entró en el juego la imaginación, toda una rebelde: violada, pisoteada y manchada por la realidad, siempre resurgía de la las cenizas -aunque el Fénix aquí sea una metáfora excesiva- por eso escribía diarios y leía compulsivamente, intentaba alimentarla y atrincherarme detrás de sus murallas. En mi inocencia creía que podría sacar algo positivo de todo aquello, tal vez ser escritora. De igual manera fue derrotada siempre.

Ya de adulta y harta de mi docilidad intenté resucitarla en varias ocasiones sin demasiado éxito. Pasaba un mes escribiendo sin cesar pero ante cualquier revés sentimental, ante la más pequeña de las dificultades, claudicaba, me aburría y me decepcionaba. Comprendí que mi negación de la realidad no era un motivo de suficiente peso para escribir, que al hacerlo no encontraba las respuestas que buscaba y que quizás mis esfuerzos estaban mal encauzados: Γνωθι Σεαυτόν (Nosce te Ipsum o conócete a ti mismo) escribieron los sabios en el templo de Apolo en Delfos, y en ello me encuentro desde entonces.

Quizás con más pena que gloria descubrí muchas cosas: una cantidad ingente de problemas que resolver, de defectos que pulir y una carencia absoluta de talento literario. Pero también fui consciente de una serie de virtudes que competían sanamente con mis defectos, entre ellos una capacidad para transformar la realidad, y en ocasiones, tornarla en algo más bello y, para mí, más real.

Hace unos años comencé a escribir en internet. La razón real para hacerlo fue sentirme especial, así de crudo y simple. Uno –por lo menos alguna vez y aunque sea de forma inconsciente- intenta experimentar en su vida diaria la totalidad de lo que es, de expresar sus inquietudes y de manifestar todo lo bueno y positivo que tiene dentro. Sin embargo no es tan sencillo. Y no es culpa de las circunstancias, ni de los demás que no lo aprecian o no saben hacerlo, ni siquiera de nuestra incapacidad para mostrar todo eso en público; sencillamente no hay culpa. Cada uno sólo observa lo que es capaz de observar y se adentra hasta el límite dónde su mente le permite adentrarse. Pero eso no tiene porqué conllevar por nuestra parte una renuncia a que alguien, eventualmente, sea capaz de contemplarlo.

Por eso tengo un blog, para observar hasta donde mis ojos son capaces de ver y, a la vez, ser observada en la medida de lo posible. Para aprender y mostrar. Para sentirme un poco más yo, más auténtica. Aunque eso no signifique que éste sea el centro de mi existencia y aunque haya mil cauces más propicios para hacer lo que me propongo, esta es una ventana más a la que me asomo de vez en cuando para recordarme y recordar a los demás una parte de lo que soy, y aprender de lo quieran mostrarme. Por eso nunca me decido a cerrarlo, tal vez porque aún no he encontrado otra cosa más acorde con mi carácter, o tal vez porque aún aprendo mucho por aquí.

Toda esta parrafada -aunque larga, pedante y bastante aburrida, también honesta- tiene su semilla en una serie de conversaciones mantenidas con un amigo al que conocí gracias a ésto. Charlamos un millón de veces sobre las pretensiones de la gente al tener un blog, sobre lo que significaba para cada uno de nosotros. Nunca comprendí la importancia que tenía para él el hecho de ser leído, seguido y comentado, ni la decepción que sentía cuando no era así, toda esa tristeza y desilusión. Por supuesto él no es la única persona que desde mi perspectiva le da una excesiva importancia a esas cosas; este pequeño gran mundo está lleno de tonterías tales como te enlazo si me enlazas, te comento si me comentas, te critico si me criticas, en fin, la cuestión es que me entristece observar como alguien querido es capaz de construir un mundo paralelo aquí, en blogger, y confundir esta pequeña y absurda ficción con su propia vida hasta el punto de convertirla en un momento dado en la clave de toda una existencia. Una vez me dijo: “No soy feliz. Quiero cambiar mi vida: abriré un nuevo blog”. Ante mi estupefacción y mi cara de póker intentó echarse atrás, pero una vez que has hecho una afirmación de ese tipo delante de un amigo es un camino sin retorno. Hubo reprimenda, discurso y consejos, pero no hubo nadie para escucharlos. Hace poco volví a hablar con él, estaba atravesando por una situación terrible y estresante; a pesar de ello, el ochenta por ciento de nuestra conversación versó sobre la falta de seguimiento y de comentarios que tiene su blog, en lugar de hacerlo sobre la cuestión más importante: su vida. De nuevo un discurso y más consejos, que pensándolo bien, me ahorraré en la próxima ocasión, si es que la hay.

Todo aquello me hizo pensar en los riesgos de la autocomplacencia, en que en algún momento yo pude llegar a sentir algo parecido, aunque fuera remotamente. En lo legítimo que es el anhelo de ser reconocidos por aquello que creemos, en nuestro fuero más íntimo, que nos hace especiales, y en el error de pensar que cuando ese reconocimiento no existe, dejamos de serlo.

Y si el origen de esto fue mi frustración al observar como alguien a quien aprecio perdía el mundo de vista por el simple hecho de tener un blog en internet, el propósito es el de sincerarme conmigo misma – y con vosotros que quizás lo leáis- y evitar encontrarme algún día en su lugar.

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Imagen 1: Antirem Imagen 2: Elena_e

lunes

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Fotografía:ThisYearsGirl

jueves

offtopic

...No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo. E.M.CIORAN

Los días son eternos, tan rápidos en pasar y tan lentos en fluir. Echo de menos todo esto. Un poco a tí, un poco a mí. Supongo que lo añoro todo.

miércoles

idiota...

 

 dig

jueves

(skulls allways keep a smile)

(Hace unos meses escribí esta especie de relato absurdo sobre un abandono, que hoy rescato, oportunamente. En áquel momento "pensaba" que el amor que sentía con todo mi ser era indestructible, más allá de esta vida, incluso de la muerte. Aún así, escribí esto, y como si lo hubiera provocado, la realidad ha "imitado" a la ficción, cosa inevitable y que por otro lado no me disgusta. Ahora mi corazón está volando de nuevo, por suerte, pero no quiero perder lo sucedido de vista: que no hay nada permanente, ni seguro, ni inalterable, la vida es cambio continuo y aprendizaje, y eso precisamente es lo que la hace tan maravillosa.

Saludos a todos. Y besos para los que gusten. Me voy de vacacioneeeeessss!!! ^^)

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-¿Qué haces?

-Ver porno. ¿Y tú?

-Pensaba en ti…

-Pues deja ya de perder el tiempo ¿me oyes? No vuelvas a llamar.

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No fue una conversación demasiado larga, duró justo lo que tenía que durar. Después de un rato, cuando la aguda e intermitente señal se volvió desagradable, la chica notó que aún tenía el auricular en la mano, y como es lógico, colgó. Excepto por ese pequeño detalle su reacción fue bastante sorprendente: se tumbó en el sofá, chupó indiferente una vez más su cigarro y, de pronto, contra todo pronóstico, comenzó a reír a pleno pulmón. Sus carcajadas llenaron la casa como un perfume, de alguna manera liberándola del aire asfixiante y opresivo que durante los últimos meses la había invadido sin compasión; y aunque en la calle el día tenía el tono plomizo de la ceniza, las habitaciones se llenaron de una insólita y particular luz, como si los muebles, el suelo y las paredes hubieran recordado por fin su verdadero color.

La risa escapaba sin descanso de la boca de la muchacha pero ese hecho no debería llevar a engaño a nadie: ella sufría. Aún le pesaban en la garganta todas las palabras dichas y su cuerpo recordaba desesperado cada una de las caricias y sus correspondientes trayectorias. En su mente no se habían borrado ninguno de los sueños, los silencios y los momentos que compartieron, y aunque lo natural en estos casos es que el centro de mando del cerebro, acuciado por todos esos oscuros sentimientos que nacen de la pérdida de un amor, hubiera enviado la señal correcta a las neuronas, lo cierto es que por irónico o injusto que parezca, este no siempre hace del todo bien su trabajo -gracias a ello somos personas, no máquinas- y suceden estas cosas, absurdas, irracionales… pero que son un verdadero soplo de aire fresco dentro de esa tiránica pauta conductista de acción-reacción aprendida en la que casi siempre vivimos inmersos.

Confusa y aún riendo fue a darse una ducha para ver si se le pasaba; pensó que tal vez fuera más eficaz y menos peligroso que beberse un vaso de agua. Después de un par de minutos bajo el chorro las carcajadas cesaron pero la sonrisa continuaba pintada en su rostro. En su esfuerzo por comprender lo que le estaba sucediendo y aunque la idea le asustaba bastante -pues no sabía que podía encontrar detrás de aquello- intentó aclarar su mente.

-Bien -pensó- él me deja y yo me rio. Me rio a pesar de que le pierdo para siempre. Lo que me dijo carece ahora de significado, los sentimientos que le entregué ya no están en su corazón, y aún así, yo me sigo riendo… - Desconcertada se detuvo unos instantes, cerrando con fuerza los ojos bajo el agua. Me rio porque sigo aquí –continuó- porque aunque él se vaya yo no he muerto, porque mi corazón es fuerte y encuentra todavía un sentido para seguir latiendo. Me rio porque no tengo nada de lo que avergonzarme, porque a pesar de los errores fui auténtica, fui tenaz, fui única, valiente y osada… y me sigo riendo porque su falta de amor no empequeñece en absoluto todo lo que yo siento.

Salió entonces de la ducha, se desenredó el pelo, se vistió corriendo y, sin interrumpir el hilo de sus pensamientos, salió a la calle cerrando la puerta de un golpe.

Puedo reírme porque viviré con ello -se decía mientras bajaba a prisa las escaleras- Quiero reírme porque estoy intacta, porque sin problemas, sin desengaños, sin vacios y sin dolor la vida sería demasiado tediosa y monótona como para sentir siquiera una pizca de emoción, un vuelco en el corazón... y entonces no habría nada que aprender, ninguna forma para continuar creciendo, ningún sentido para seguir adelante… porque no quiero ignorar ni olvidar lo más importante…

-Mientras caminaba por la calle la gente con la que se cruzaba no podía evitar mirarla; la mayoría de ellos, sorprendidos, le devolvían aunque tan sólo fuera un pálido reflejo de aquella sonrisa deslumbrante.

-…que esto, como todo, como lo bueno, como lo malo, como los días y las horas, también pasará.

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Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Dibujo: Frecklefaced29

domingo

pause

Me tomo una pausa para coger fuerzas. Al parecer he tocado el suelo otra vez, pero por suerte  he caído de pie. Necesito que me de un poco el aire, hacer un par de locuras y dejarme llevar.

 

Será breve, lo sé. Os sigo en silencio. Mil besos.

Vasos comunicantes.

unfaithful_by_Crackart Todos levantaron la cabeza y escucharon. 

-¡Chist! ¡Ahí está otra vez!

-¡Ay!

Un codo clavado en las costillas no es la forma más sutil de dar una noticia, sobre todo cuando ésta es innecesaria. La mirada de Alice perseguía la figura que se deslizaba clandestinamente entre los asientos de la sala de conferencias sin necesidad de que la articulación más punzante de Laura se clavara en ninguna parte de su cuerpo. Le dedicó una mirada asesina a su amiga del alma, la cual fue ignorada sin un atisbo de mala intención. Los ojos de su compañera de fatigas apenas podían despegarse del púlpito donde su antiguo profesor, y actual director de tesis, daba un tedioso parlamento sobre pragmatismo con la misma emoción de un presentador de noticias.

-Me voy – anunció Alice por lo bajo.

Laura sólo tuvo tiempo de boquear su desconcierto un par de veces  antes de que la voz de contrabajo de su admirado profesor volviera a concentrar toda su atención. Alice adoraba a Laura por ese tipo de cosas. Era  primaria. Muchos habrían tachado su comportamiento como egoísta o frívolo, pero ella sabía que aquella imagen poco tenía que ver con la realidad de su amiga. Por el contrario Laura era una persona profundamente respetuosa e independiente que no necesitaba cuestionar ningún movimiento de los que la rodeaban, siempre que después le contaran con pelos y detalles los resultados. A veces como contrapunto y otras como némesis, Alice intuía que su amiga era lo más cercano a una media naranja que había en su vida, y más de una vez se había sorprendido lamentándose de su género, y en ocasiones, incluso, de su heterosexualidad.

Pero Alice no necesitaba aquello. Necesitar era, a la larga, demasiado costoso. Un círculo vicioso en el que una vez que obtenías lo que necesitabas la vida encontraba el modo de arrebatártelo para que aprendieras a seguir viviendo sin necesitarlo. No. Ella ya tuvo todo lo necesario y, en consecuencia, había aprendido a vivir sin ello. Otro aprendizaje habría resultado del todo superfluo. Por eso el hecho de encontrarse en aquel momento camino de su casa inspirada por aquella sombra que la había precedido  escabulléndose de la conferencia, se debía, según su análisis, a una comezón, a un deseo que tenía que ver más con una curiosidad científica que con una exigencia interior. Alice tenía una teoría  que había gestado en los últimos meses inspirándose en los vasos comunicantes de Galileo. A grandes rasgos era la siguiente: dos personas, es decir dos sustancias de la misma naturaleza, sujetas a diferentes contextos y circunstancias, a modo de recipiente, alcanzarán contemporáneamente la misma cota de pensamientos, no debido, en este caso, a la presión atmosférica, sino a la del puro instinto. La comprobación práctica de esta teoría era más complicada de lo que pudiera parecer ya que los pensamientos no manifestados en palabras o acciones permanecen en el fuero interno de quien los genera. Por eso, de momento, su teoría hacía aguas y era un éxito a partes iguales.

Pero aquél resultó ser su día de suerte. El porcentaje de éxito subió varios puntos cuando vio las llamadas perdidas en su móvil. Y en cuanto entró en el portal de su casa, tan sólo restaban las conclusiones finales y la publicación en los medios oportunos, empezando por su propio diario aquella misma noche. Aunque lo primero, desde luego, era concluir el experimento.

Sin decirse una sola palabra ambos se metieron en el ascensor. Más que excitante a Alice le resultó incómodo, como si aquellas cuatro paredes estuvieran esperando algo que ella aún dudaba en llevar a cabo. El silencio no ayudó pero tampoco empeoró las cosas. Mientras buscaba las llaves percibía con claridad la mirada de él clavada en su espalda. El nerviosismo era algo que había que asumir dada la situación y supuso que ya en su casa, en su territorio, el equilibrio de poderes se alteraría dándole un respiro. Se equivocaba. Abrir las puertas de su pequeño universo personal a su cobaya le hizo sentirse aún más desvalida y fuera de control, lo que a buen seguro no iba a beneficiarla.

Por eso puso una lata de refresco en las manos de su visitante y se sentó en el sofá en un intento de recobrar el dominio. Tal vez dejando que él tomase la iniciativa tendría el tiempo suficiente para que se le ocurriera algo.

-¿Te pone taciturna saber que vas a hacer algo malo?

Alice no esperaba aquello, aunque resultara un buen argumento de que su teoría era auténtica. Hacer algo malo no entraba dentro de las posibilidades que había barajado, aunque las cartas con las que participaba habían sido las mismas desde el principio. Observar como su mente había jugado con ella no era agradable: saciar una curiosidad era una cosa, pero la necesidad de hacerlo era otra muy diferente.

-No voy a hacer nada malo.

El Conejillo de Indias se encogió de hombros y bebió de su refresco, dando a entender que daba igual lo que ella dijera. Y era cierto. Ambos, cada uno a su manera, eran conscientes del juego con el que se venían entreteniendo los últimos meses. Una partida que ninguno de los dos deseaba pero que estaban dispuestos a jugar recurriendo a cualquier excusa. Alice tuvo que tragarse su autosuficiencia por miedo a desperdiciar una oportunidad que seguiría buscando hasta que se aburriese del juego, cosa que no sucedería fácilmente. Además, en éste en particular, jugaran como jugasen los dos ganaban y perdían, pero la recompensa de las apuestas intermedias era, por lo menos, apetecible.

La respuesta a las tribulaciones de Alice llegó apenas dos horas después de aquel refresco cuando su móvil comenzó a vibrar frenéticamente sobre la mesilla. A tientas, todavía somnolienta, contestó con un balbuceo. Lo que escuchó al otro lado le devolvió de pronto a la realidad junto con la esperanza de que tal vez su adaptación de la teoría de los vasos comunicantes no estuviera tan desencaminada al fin y al cabo. Laura sonaba pletórica. Había olvidado las llaves y quería que advirtiera a la cobaya de que le dejara un juego debajo del felpudo. No quería despertarle y tenía la intención de llegar tarde a casa. Tal vez muy tarde. Su director de tesis acababa de invitarla a cenar.

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Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos.

Imagen 1: Crackart

Imagen 2: Bubble_gum_heart

*Llevo una semana y pico en que mi salud y mis ánimos no han sido los mejores ni para escribir ni para leeros. El relato da  muy poco de sí, lo sé, pero no me apetecía escribir sobre cualquier otra cosa y acabar profundizando sin querer en temas personales, por eso más que un relato es un ejercicio de despegue, otro más. Reconoceréis que al menos esta vez no muere nadie... :P

Os voy visitando. Besos para quienes gusten.

De vuelta a casa (tentativa a modo de cuento gótico)

In_the_Forest_of_Ancient_LIght_by_Karezoid La interrogación sin punto sólo sería una curva peligrosa, igual que aquella: una ondulación serpenteante que remataba sin previo aviso en un sendero que se introducía entre los árboles, tan estrecho que uno no podía aventurarse a través de él más que a pie. Dudo aún si mi memoria será capaz de conceder una explicación aproximada a los hechos que acontecieron, y espero que aún conserve un sólo recuerdo en el que haya más verdad que delirio, pues cada ocasión en que mi mente regresa a aquellos momentos una neblina de irrealidad lo reviste todo, como si al final de aquella curva hubiera cruzado algo más que la entrada al sitio al que mi anhelo me dirigía con tan angustiosa aflicción.

Como le decía, paré justo en el acceso a la pequeña galería rodeada de arbustos. La noche se colaba entre las tupidas hojas invadiendo de sombras todo lo que me rodeaba. Caminar por aquel lugar que apenas unos días antes había recorrido a plena luz del sol me hizo extrañamente consciente de todas mis sensaciones. La suave brisa, el olor a tierra mojada y a vegetación, el susurro silencioso de las ramas y mi corazón latiendo a un ritmo sofocado por el sosiego, no exento de cierto halo siniestro, que se respiraba en el aire, me indujeron a un estado febril a la vez que expectante.

La cancela no emitió sonido alguno. Atravesé el corredor de arbustos con un ansia feroz pero reprimida, como si mis pies me llevaran sometidos más a la inercia del subconsciente que a mi propia voluntad. Una vez que pisé el límite de hierba, creo que me detuve unos instantes para observar las sombras blanquecinas que se asomaban tímidamente entre las raíces de los árboles.

Al pensar en ello ahora y relatarlo con palabras privadas de aquel triste ensueño que me tenía hipnotizado, me sorprende mi propio valor. El hombre que tiene usted delante no daría un paso en las mismas circunstancias. Pero en mi penoso estado, mi honda tristeza, me empujaba a un acto final y desesperado en un esfuerzo por arrancarme este mismo dolor que todavía hoy no me permite dormir, para poder -¡ingenuo de mí!- seguir adelante.

Prueba de la espontaneidad de mi propósito fue no llevar conmigo más herramientas que mis propias manos. Ni siquiera me detuve a pensar en las dificultades que surgirían. La primera de ellas fue encontrar mi objetivo en la oscuridad. Me llevó más tiempo del que hubiera imaginado, topando con él finalmente casi por casualidad. Me arrodillé sobre la tierra removida y fresca y musité unas palabras, una oración improvisada implorando perdón por aquel audaz atrevimiento, por aquella violación de un más que merecido descanso.

Vacilé, he de admitirlo. Durante unos segundos no conseguí comprender qué determinación era la que guiaba mis actos. Una voz clamaba en mi interior palabras ininteligibles, con un ímpetu devastador, y tiraba de mi voluntad con más fuerza que mi propia razón. Si me pregunta en este momento qué fue lo que me llevó a hacerlo, mi respuesta sólo podría ser una: algo –fuera lo que fuese-más fuerte que yo, dentro de mí, me lo ordenaba.

Yo me limité a acatar sus órdenes. Tomé la rama de un árbol lo suficientemente gruesa para ser útil, y comencé mi tarea. Durante toda la noche mi cuerpo apenas reparó en el cansancio y nada recuerdo de lo que pudo pasar a mi alrededor durante aquellas horas, tal era mi enajenación y abatimiento. Con las manos ensangrentadas retiré los últimos montones de tierra húmeda y las posé por fin sobre la fría y pálida madera. No sin esfuerzo desprendí una a una las tablas que me separaban de mi amada. El relato de lo que en aquel instante vieron mis ojos escapa a mi capacidad y comprensión. Allí estaba. ¡Tan hermosa y tan fresca como en vida! Su cabello oscuro relumbraba en la exigua luz del alba. Su rostro desprendía una luz vital tan bella que habría sido la envidia de cualquier joven muchacha. Pero su expresión…. ¡Oh, su expresión! No existen palabras capaces de hacerle justicia. Era de un terror infinito. Los ojos abiertos en toda su magnificencia, clavados en el cielo como una súplica, implorantes. Su boca tan dulce, contraída en una mueca de puro horror. Y sus manos, tan pálidas y delicadas antaño, yacían sobre su pecho, cubiertas de sangre, uñas y piel desolladas. Se había arrancado la mortaja a tiras y en su cuello blanco había oscuras señales fruto de los desgarros que habían producido en su garganta sus atroces y anhelantes gritos de auxilio.

¡Comprende ahora! Feeding_The_Disease_by_decrepitude¿Es capaz de contemplar la absoluta desesperación de mi alma ante tan monstruoso espectáculo? La que fue la luz de mi vida, mi compañera, mi amada, la parte que yo más adoraba de mi propio ser, no murió en la quietud e intimidad de su lecho, junto a mí, tal y como todos pensamos. Murió allí, días más tarde, en la más aterradora de las soledades. La mente humana no es capaz de recrear el infierno que debió de padecer mi esposa en aquellos últimos instantes, pero yo aún no he dejado de escuchar sus gritos implorando mi ayuda, dentro de mi mente, a cada instante.

Por eso lo hice y no espero indulgencia alguna por su parte. Los asuntos de este mundo ya no me conciernen. No después de lo que vieron mis ojos aquella aciaga noche. No pude abandonarla otra vez, ella jamás me lo hubiera perdonado.

El rigor mortis apenas había afectado sus miembros cuando la tomé en mis brazos. Ligera como una pluma, bella todavía. Cerré sus ojos con dulzura, besé sus labios aún tibios, incluso pude percibir un leve murmullo salido de ellos, como un dulce suspiro de alivio al saber, que la traía de vuelta a casa.

Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos

Imagen 1:Karezoid

Imagen 2: Decrepitude

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* Este engendro está inspirado en dos cosas. La menos evidente, aunque más directa, es un vídeo genial de "A perfect circle", las más evidente es Edgar A. Poe con su magistral relato "El entierro prematuro", por supuesto con el máximo respeto para los grandes. Me consuela que los unos y -sobre todo- el Otro, al menos jamás sabrán de él :)

Teatro de Anestesia y Sombras.

-Ella tiene la piel del color de la tierra. Entre nosotros, Estelle, es un ángel.

Estelle ni siquiera era su verdadero nombre, pero ese tipo de declaraciones iban y venían en la oscuridad de las galerías acompañados de esa desagradable forma en que la boca se abre y se cierra emitiendo sonidos, y lo que es peor, palabras. Ella no las soportaba. Si hubiera sido Blancanieves no habría dudado en escapar con Mudito. Pero por desgracia no era Blancanieves sino una puta, y los pocos enanos que conocía apenas si sabían callar.

Estelle además de puta era triste. Una puta triste de esas de las que tan sólo se enamoran los hombres a los que les queda más dinero que corazón. Pero ella no estaba triste por ser lo que era, ella era triste porque era lo único que sabía ser. Quizás fue el olor a sudor que impregnaba sus sábanas de niña o los furiosos jadeos que le hacían de nana antes de dormir. Tal vez el crujido de las tablas del escenario frente al que se reunía lo más selecto del arroyo le corrompió la sangre con el virus de la melancolía. Fuera como fuese, aquellos ojos sin alma que escarbaban tras sus líneas infantiles se convirtieron en su única familia, y el decadente “teatro”, que abría sus puertas cada noche con la única aspiración de consumar las pesadillas de los muchos que se perdían tras ellas, en su hogar.

Estelle, además de triste era una puta buena, lo que suponía una excepcional condición. Según los viejos patrones una puta buena era aquella que no derramaba lágrimas el día en que era sometida por primera vez. Aquel momento en el que las muchachas iniciaban su carrera marcaba su futura posición en la dudosa jerarquía del cabaret. Estelle no sólo no derramó ni una lágrima sino que durante el escaso tiempo que duró su estreno, a sus doce años recién cumplidos, se dedicó a observar a su profanador con una sonrisa entre satisfecha y curiosa. Todos, desde los empleados hasta el público más asiduo, aplaudieron con ganas el espectáculo y aquella noche todavía era recordada y celebrada con gloriosos y groseros brindis. Desde entonces ostentó el título de “L'orgueil” que tan sólo había llevado su difunta madre. Incluso, colgado en un lugar de honor, habían enmarcado el paño, sucio de sangre, con el que la limpiaron al terminar.

Light_sheds_through_by_decrepitudeLos años transcurrieron transformando a Estelle en una princesa del infierno. Pero no una cualquiera, sino en la princesa concubina de todos los pobres diablos que daban con sus huesos en las redes de aquella inmensa telaraña que eran sus ojos y su piel oscura. Los tentáculos de la adormidera acaso se fueron cebando con sus pequeños y escasos sueños de adolescente, y el monstruo de la anestesia campó a sus anchas, y definitivamente, en su corazón.

Una noche fue informada de un servicio especial en uno de los palcos sin nombre. Los distinguían así porque tras las cortinas, que siempre acababan salpicadas, se ocultaban aquellos que escogían mirar a participar. Aquello disgustaba a Estelle. La intimidad invitaba a la conversación y ella detestaba hablar, pero sobre todo que le hablasen. Resolvió concluirlo pronto. Desvestida para la ocasión, el dulce tintineo de las muchas pulseras que adornaban sus brazos y esbeltos tobillos le precedió en la penumbra. Se encontró con un hombre apenas un poco mayor que ella. La frente pronunciada y un delgado bigote acentuaban un rostro demacrado por los excesos que ella bien conocía, restando importancia a sus ojos torvos y oscuros, nublados por el alcohol. Se sentó a su lado. Él apenas le dirigió una mirada. Tomó la jarra de vino y sirvió dos vasos hasta el colmo. Sin mediar palabra él apuró el suyo hasta el fondo y de un único trago. Tras dejarlo en la mesa con un violento gesto ella hizo lo propio, imitándole. Tras el desafío hubo más silencio y tal vez algo más de complicidad. Los vasos se llenaron de nuevo repitiéndose el ritual, en el mismo orden, en tres ocasiones más.

Las fuerzas abandonaron la mano que sostenía el vaso sobre la mesa, derramando las reliquias de líquido sobre la madera oscura como una invitación. Estelle cayó al suelo y andando sobre las rodillas se acercó a él despacio, deleitándose en sus pequeños y exquisitos movimientos. Alargó el brazo y acarició su entrepierna. Descendió hacía la oscuridad y usó su boca, la lengua, concentrándose en su labor.

Notaba como el cabello le rozaba las mejillas como una caricia que sabía que no iba a recibir y que tampoco esperaba. Un pequeño mechón mojado fue el preludio. Después su cuello comenzó a recibir un ligero rocío de pequeñas gotas cálidas. Despegó sus labios soltando la pesada carga de su boca y le miró a la cara, con una pregunta escrita en su expresión.

No obtuvo respuesta y no se quedó a esperarla; decidió dejarlo a solas con su llanto. Antes de que pudiera incorporarse la cogió con fuerza de las muñecas y murmuró:

-Eres una puta. Eres una pequeña, fea, triste y oscura puta. Y nunca podría enamorarme de ti.

Estelle se zafó de él como pudo, sin rencor alguno, dejándolo a solas con su borrachera y sus demonios. Creyó entonces que nunca más volvería a pensar en él. Sin embargo, apenas unos pocos años después, mientras vomitaba ríos de sangre sobre las sábanas impregnadas esta vez por su propio sudor, en su último y febril delirio, vio de nuevo su rostro y escuchó de su cruel y torcida boca aquellas palabras inconscientes.

-Eres una puta. Pequeña. Fea. Triste. Oscura puta. Y nunca –nunca- podría enamorarme de ti.

Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos

Imagen: Decrepitude

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lunes

Última metáfora.

-Un reloj de arena vacío.to_cut_a_flower__by_citizenvisuelle

-¿Roto?

-No. Vacío.

-¿Y para qué sirve?

-Lo cierto es que nunca he pensado en él como un objeto con una utilidad intrínseca. Se trata, más bien, de una alegoría metafísica en la forma de un objeto común aunque defectuoso. Si pretendiera equiparme con algún objeto de tipo práctico, llevar una espada o incluso la proverbial guadaña sería mucho más apropiado. Aunque en cualquier caso no dejaría de ser una metáfora.

-¿Una metáfora de qué?

-¿Tú qué crees?

Se observaron durante un intervalo considerable de tiempo. El desconcierto se dibujaba en el rostro de ella. Una sonrisa suficiente en el de él.

-En realidad puede ser una metáfora del todo –continuó.- Aunque existen personas con una reticencia natural ante la evidencia más sencilla. Una metáfora puede ser tan rotunda como una pirámide pero hay seres que la apartarán de su vista con la misma facilidad con la que se espanta a una mosca.

-Entiendo –dijo ella de pronto.- No hay más ciego que el que no quiere ver.

-Interesante reflexión –contestó él con una gran sonrisa.-Dadas las circunstancias, quiero decir.

-Sí. Supongo que lo es.

Accionados por lo que parecía una misma voluntad aquellas criaturas diametralmente opuestas se dispusieron a observar como las gotas de lluvia se deslizaban por el cristal de la ventana, maravillándose mientras éstas se aventuraban por los caminos más insólitos, hinchándose y adquiriendo velocidad a medida que se tropezaban unas con otras en su recorrido a través de la superficie incolora.

Fuera había caído la noche. Tal vez había dejado de llover. El silencio que afloraba entre ambos enmascaraba cualquier murmullo que no fuera el de sus propias voces, proporcionando a aquella habitación blanca una oportuna cualidad de santuario.

-¿Siempre es así?- Preguntó ella interrumpiendo el silencio.- Quiero decir ¿Esto es lo que sucede con todos? La conversación, la sensación de bienestar, de placidez, de que el tiempo no existe o que tal vez nunca haya existido… Tu aspecto, tu forma, es exacta al recuerdo que guardo de mi primer amor. Y es extraño pero… ¡Me siento tan fuerte! Podría salir de aquí y regresar a mi vida, por mi propio pie, sin la ayuda de nadie. .. Sin embargo es imposible.

-Sí. Es igual para todos excepto en los detalles –reconoció mientras se sentaba junto a ella en la cama.- Esta noche, al llegar aquí, me encontraba de un humor extraño. Charlar contigo es, por decirlo de algún modo, una decisión personal.

-¿Puedes permitírtelo?

-No veo porqué no.

De nuevo sincronizaron sus ojos. El reloj de arena descansaba en su regazo. El fino vidrio relumbraba como si la misma luz estuviera impresa en las moléculas que lo conformaban. Él lo tomó abandonándolo sobre la mesita de noche. Después, los párpados se levantaron al unísono, como un prólogo de lo que sucedería a continuación. Una fracción de piel translúcida asomaba a través de ancho cuello de la bata de hospital que ella llevaba. El dedo índice, largo y frío de él, acarició despacio aquella zona; sin temor, con una curiosidad no fingida. La sensación, en términos asequibles para una comprensión humana, podría ser descrita como una gran tormenta eléctrica condensada en apenas unos milímetros de carne. Tras un tiempo indefinible en el que aquella impresión fue creciendo en intensidad, los labios ganaron el combate a los dedos, posándose por fin allí donde antes se había clavado la mirada.

***

Justo antes del amanecer ella abrió los ojos sabiéndose sola. Se preguntó algo confusa si aquella sería la primera y última vez que podría advertir con sus sentidos embotados el otro lado del velo. Sin embargo, nada había cambiado, al menos ostensiblemente. Una pantalla emitía ráfagas de luz intermitente que atravesaban la oscuridad con la fugacidad de un rayo al son de su pausado ritmo cardíaco. Sobre ella, la bolsa de solución salina destilaba rítmicamente hacía el catéter su líquido blancuzco, franqueando los obstáculos de la aguja hipodérmica y de la más azul de las venas de su muñeca izquierda, evocándole, de forma efímera, el peculiar objeto que tanto había llamado su atención en sueños.

Miró sobre la mesita de noche. Sorprendentemente continuaba en el mismo lugar, en la misma posición, como una huella anacrónica y absurda de que sueños y realidad a veces se confunden, excepto por un detalle: alguien le había dado la vuelta.

Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos

Imagen: Citizenvisuelle

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domingo

el corazón a veces no es más que un desierto

Epatage_by_KatjaFaith

La misma canción que escuchaba una y otra vez como un maldito maleficio, cuando te conocí, regresa otra vez para decirme las mismas cosas que entonces. He cambiado, has cambiado, pero mi corazón continua siendo el mismo. La esencia no aprende, y yo me he colado en la tuya aunque te pese, y tú eres parte de la mía desde que todo -todo- comenzó, y te llevaré en ella hasta el final.

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Enomentuvalvë, Teiwaz.

Imagen: KatjaFaith

De fondo: Falling- Lacuna Coil.